Gastón López Tropeano

Prospectá como un moho

Capítulo 1

Un bicho sin cerebro que dibujó los trenes de Tokio

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Durante meses le dije hongo. No es un hongo. Me equivoqué en el nombre, pero lo que hace este organismo me cambió la forma de salir a buscar clientes. Y un poco, la forma de vivir.

¿Qué es esta cosa?

Se llama Physarum polycephalum. En castellano le dicen moho mucilaginoso, y en Francia lo apodaron «el blob». Es amarillo, viscoso y vive en el suelo del bosque, sobre troncos y hojas que se están pudriendo. Come bacterias y esporas.

Lo raro es esto: es una sola célula. Una célula gigante, que puede crecer más que tu mano, con muchísimos núcleos adentro. No tiene cerebro. No tiene ni una neurona.

Y sin embargo, resuelve problemas que a nosotros nos llevan años de planificación.

El experimento, paso a paso

En 2010, un equipo de la Universidad de Hokkaido, en Japón, con Atsushi Tero y Toshiyuki Nakagaki, hizo algo que suena a chiste. Te lo cuento en siete pasos. Andá bajando despacio y mirá la placa.

La placa Hora 0

Recreación ilustrativa, con menos copos que el original.

1

Una placa y 36 copos de avena

Imaginate una placa redonda de laboratorio, con una capa húmeda, parecida a una gelatina. Encima ponen copos de avena. Cada copo está donde queda una de las 36 ciudades que rodean Tokio.

La avena es comida. Las ciudades son los lugares que hay que conectar.

2

El moho arranca en Tokio

En el lugar de Tokio ponen el moho: una manchita amarilla. No tiene mapa ni plan.

Como al moho no le gusta la luz, iluminan donde hay montañas, lagos y mar. Así le marcan el terreno sin decirle nada. Y lo dejan hacer.

3

Explora con hilos finos

Primero se estira para todos lados con hilos finitos. Gasta muy poco en cada uno.

No elige un camino. Los prueba todos un poquito.

4

Escucha lo que vuelve

Por adentro de los tubos, el moho mueve su contenido para un lado y para el otro, como un pulso. Fijate en los puntitos claros.

Cuando un hilo toca comida, por ahí empieza a circular más.

5

Engrosa lo que trae, suelta lo que no

Por donde circula más, el tubo se engrosa. Por donde no circula nada, se afina hasta desaparecer.

Nadie decide. No hay un jefe adentro del moho diciendo «este camino sí, este no». Decide el flujo.

6

Hora 26: una red como la de los trenes

A las 26 horas quedó una red que conecta todos los copos. La compararon con la red de trenes real, la que diseñaron ingenieros durante décadas, y se parecían muchísimo.

En costo, en eficiencia y en cómo aguanta si se corta un tramo, el moho estaba a la par.

7

Y si un copo se agota

Mirá el copo con borde punteado. Ya no da alimento. Los tubos que iban hacia ahí se afinan hasta desaparecer, y el resto de la red se reacomoda.

Sin drama: esos tubos le habían costado poco.

Este paso ya no es parte del experimento de Tokio. Es la misma regla, aplicada.

Ficha del experimentoScience · 2010
Organismo
Physarum
Comida
Copos de avena
Ciudades
36
Arranca en
Tokio
Tiempo
26 horas
Cerebro
Ninguno

Publicaron el trabajo en la revista Science. Poco después, Andrew Adamatzky y un grupo de investigadores mexicanos repitieron la idea con un mapa de México: copos de avena en 19 ciudades y el moho arrancando en la Ciudad de México. La red que armó se parecía mucho a las rutas federales principales.

Dato

Antes de lo de Tokio, en 2008, Nakagaki y su equipo ganaron un Premio Ig Nobel, el que se da a investigaciones que primero te hacen reír y después pensar. Habían mostrado que el moho resuelve laberintos: encuentra el camino más corto entre dos pedazos de comida. En 2010 ganaron otro por lo de los trenes.

La regla del moho

Por donde circula más, el tubo se engrosa. Por donde no circula nada, el tubo se afina hasta desaparecer.

Lámina I · Dos tubos

Vuelve alimento

Circula más contenido, el tubo se engrosa y por ahí pasa todavía más.

No vuelve nada

No circula, el tubo se afina y el moho lo suelta. Le había costado poco.

Lo que me llevo

Cuando entendí esto, me vi a mí mismo. Yo vengo de la escuela de apostar todo: elegir un camino, meterle todo lo que tengo y empujar hasta que funcione. A veces funcionó. Muchas veces me dejó agotado.

El moho no apuesta todo a una dirección. Tampoco se queda quieto esperando saber hacia dónde ir. Tira hilos, escucha qué vuelve y engrosa lo que trae alimento.

Lámina II · Dos maneras de buscar

Apostar todo

Mucha energía hacia un solo lugar. Si ahí no había nada, te quedás sin resto. Y la comida que estaba al costado ni la viste.

Tirar hilos

Poco en cada dirección. La mayoría no devuelve nada, y está bien. La que devuelve, se engrosa.

Un hilo que no trae nada no es un fracaso. Es información, y costó poco. Lo que sí sería un problema es medir tu valor por cada hilo que no volvió. Ahí ya no estás haciendo lo del moho: estás apostando todo de a un hilo por vez.

En los próximos capítulos te voy a contar cómo se ve esto en la vida real. Un guía de pesca coreano que les escribió a todos los lodges de pesca de Neuquén, en la Patagonia argentina. Mis 600 mails a viejos clientes de mi local de reparación de celulares. Y también cómo se ve fuera de las ventas, cuando uno está estancado y no sabe para dónde ir.


Una aclaración antes de seguir. Esto es una manera, no la manera. El moho tampoco pretende tener razón.

Solo come.

Referencias

Índice del libro

  1. 01

    Un bicho sin cerebro que dibujó los trenes de Tokio

    Próximamente
  2. 02

    Explorar, escuchar, engrosar, soltar

    Próximamente
  3. 03

    Cuatro formas de buscar alimento

    Próximamente
  4. 04

    Mansoo y los lodges de Neuquén

    Próximamente
  5. 05

    Mis 600 mails

    Próximamente
  6. 06

    Cuánto cuesta un hilo

    Próximamente
  7. 07

    Estar preparado cuando llega el alimento

    Próximamente
  8. 08

    El moho fuera de las ventas

    Próximamente
  9. 09

    Una manera, no la manera

    Próximamente