Lo que veo cuando alguien pide ayuda
Puedo ver con claridad. Eso no alcanza.
Para que un acompañamiento funcione hace falta algo del otro lado, y hoy sé nombrarlo: una actitud de entrega y de fe.
Hoy se lo contaba a un empleado. La escena del evangelio donde tocan a Jesús entre la multitud y él se da vuelta y pregunta quién lo tocó. La mujer responde, y él no le dice “yo te sané”. Le dice: tu fe te ha sanado.
Ahí está todo.
Quien está parado en una situación está ahí porque no ve. Si viera, no estaría ahí. Por eso busca a alguien que lo acompañe a ver. Y en ese movimiento ya está implícita la confianza, que no es un detalle del vínculo: es su condición. Confianza viene de confidere: con fe.
Entonces me vienen con un problema. Yo no tengo el problema, así que puedo mirarlo. Guío, y doy una instrucción chica, algo para que la persona se ordene en su propio camino, en su propio orden.
Después me contactan de nuevo por más. Y pregunto: ¿hiciste lo que habíamos dicho?
Cuando la respuesta no llega, es que es no.
Ahí no puedo acompañar. No estoy en contra del que no sigue mis instrucciones: estoy a favor de quien me reconoce, me valora y sobre todo está dispuesto y comprometido. El acompañamiento se apoya en la energía de quien es acompañado. Si esa energía no se movió, no hay sobre qué apoyarse. No hay materia.
Si igual sigo brindando, abro la puerta a un desequilibrio. Uno da y el otro recibe, una vez y otra vez, y eso no es un vínculo de ayuda: es una deuda que crece. Termina mal para los dos.
Por eso, para que alguien pueda ser acompañado hacen falta tres cosas, en este orden.
Primero, reconocer que lo necesita. Sin eso no hay nada, porque no se puede acompañar a quien no pidió.
Segundo, confiar en quien lo va a acompañar. No fe ciega: fe suficiente como para probar algo que todavía no se entiende.
Tercero, un compromiso genuino. No hablo de tiempo ni de intensidad. Hablo de predisposición real. De que algo se mueva del lado de uno.
Hellinger decía que la víctima solo busca aliados. Y que si no la apoyás, te convertís en su enemigo.
Ahí no hay acompañamiento posible. Hay otra cosa, que puede ser legítima como queja o como simple compartir, pero no es esto.
Yo aporto la visión. La ejecución, el éxito y el resultado son de quien camina.