El dinero da sustento. No da sentido.
Lo sé porque me pasó. Más de una vez gané mucho dinero sin esfuerzo, y cuando llegó me sentí vacío. Llegué, lo tengo, ¿y qué?
No faltaba nada. Y aun así no alcanzaba.
Durante mucho tiempo pensé que el problema estaba en cómo lo obtenía. Que ir a buscarlo era el error, y que lo correcto era que viniera solo. Pasé por las dos. En las dos terminé en el mismo lugar.
Entonces la pregunta no era cómo. Era qué le estaba pidiendo.
Le pedía libertad. Le pedía que me quisieran por lo que soy y no por lo que tengo. Le pedía suelo cuando todo temblaba. Le pedía sentido.
Nada de eso es dinero.
Cuando al dinero se le pide lo que no puede dar, pasan dos cosas. Si no llega, falta todo. Si llega, tampoco aparece, y queda el vacío.
Escuché toda la vida que el dinero es la raíz de todos los males. La frase está en Timoteo, y dice otra cosa: la raíz de todos los males es el amor al dinero. No el dinero. El lugar que se le da.
Lo veo en dueños que ya llegaron. Facturan, crecieron, tienen. Y buscan más, como si la cantidad fuera el problema. No es la cantidad. Es el objeto.
Tener dinero es una cosa. Ponerlo en el lugar de lo que sostiene la vida es otra. Lo primero es sustento. Lo segundo es un trono.
Cuando lo que sostiene está en su lugar, el dinero queda en el suyo. Más chico. Y más cerca.
Referencias
- Primera carta a Timoteo, 6:10
«La raíz de todos los males es el amor al dinero.» No el dinero.
- Evangelio según Mateo, 6:24-33
No se puede servir a Dios y a las riquezas. Buscad primero el reino, y lo demás será añadido.
- Shri Mataji Nirmala Devi, Don't Run Behind The Money
«Un recipiente vacío hace mucho ruido; un hombre vacío y rico hace mucho ruido.»
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