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Gastón López Tropeano

Lo que veo cuando quiero que algo siga sucediendo

Cuando algo está sucediendo y quiero que siga sucediendo, salgo del estado de entrega. Y ya se corta el flujo.

El control corta el flujo que, paradójicamente, se busca lograr mediante el control.

El control implica saber. La entrega no. La entrega implica confianza. Fe.

En la entrega el flujo corre, como el agua: el movimiento no se interrumpe. En el control queda estático. Por querer que las cosas sean a nuestra manera, se estancan.

En la entrega todo fluye. En el control, todo es paso a paso.

El control perpetúa el marco. La entrega abre el cambio.

Cuando me entrego, el cuerpo se relaja y descansa. Se suelta el control, pero no por decisión. Si fuera por decisión, lo estaría haciendo desde el control.

En la entrega no interrumpo el flujo: voy con él.

No soy yo y el mundo. Soy parte de algo más grande. Puedo ver. Y de alguna manera, me ubico en mi lugar.

Ya no hablaría de que «estoy entregado». En la entrega no hay un yo entregado. Solo hay lo que es.

En la entrega el yo se disuelve, pero emerge el ser.

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